Encuadro, expongo y capturo, lugares fijos o móviles, de cerca o de más cerca, usando mi cuerpo para moderar la luz, huyendo o siendo parte del reflejo sobre la superficie a capturar, superficies de cuerpos con figuras evidentes, texturas gritonas y colores chillantes escondidos y a la vista.

 

Al estar todo el tiempo percibiendo alrededores, una vez situándome donde decido lo cotidiano, aprovecho al máximo las virtudes de la sensibilidad a la luz del sol de la cámara fotográfica, dependiendo del lugar y la posición del astro. Texturas, formas, obras anónimas siempre en producción, siempre renovándose.

 

Diminutos paisajes y mezclas de colores plasmadas por modestos artistas sin rostro, autores desconocidos, van dejando su obra para yo verla al pasar y los felicite en silencio, sin dejarme otra opción algunas veces, de dar media vuelta y robar un pedazo de la pieza y esconderlo en mi cámara. Así como la realidad prescinde de efectos especiales, los colores y formas en las fotografías no necesitan ya de manipulación, fueron hechas para capturarse y exhibirse tal y como fueron creadas.

 

El detalle robado y reproducido, impreso a mil veces su tamaño, inmortalizado sobre una pared, adquiere un dejo de irrealidad siempre siendo buena compañia en el ambiente.